Las marcas de lujo suelen ser innovadoras en comunicar. Sus consumidores, que presumen de un gusto exquisito y un saber estar en las últimas tendencias, lo demandan. Sin embargo, el primer paso en la web 2.0 lo ha dado recientemente Cartier -la marca francesa de joyas número uno en ventas- al hacer lo más típico y convencional: crear un perfil en MySpace. Lou Reed, Sting o Fiona Apple son algunos de los «amigos» que tiene la firma.

La noticia apareció hace unos días en The New York Times y afirma que hasta el momento las grandes marcas de lujo son demasiado convervadoras para subirse a la web 2.0. Ha sido Cartier la que rompió con la inercia y tomó el riesgo para «acercarse a una audiencia más joven», según las declaraciones de Corinne Delattre, responsable de comunicación de la compañía.

Más allá de este caso, el dato sirve para plantearse algunas preguntas interesantes ¿Es la web 2.0 un medio para todas las marcas? ¿Qué valores se asocian a los productos que se anuncian en las redes sociales? ¿Se puede estar fuera de la onda expansiva 2.0? Sin duda el sector del consumo de lujo -o más gráficamente, «si tenés qué preguntar cuánto cuesta no es para vos»- es muy particular pero justamente muy interesante para hacerse la eterna pregunta: ¿Está primero el medio o el mensaje?

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