Primero fue que los blogs han muerto. Luego que Google nos hace más estúpidos. Ahora no se anduvieron con cuestiones menores y directamente le extendieron el certificado de defunción a la web. No, no es ningún dinosaurio sino que el artículo está firmado por Chris Anderson, el mismo observador agudo que desarrolló su idea de The Long Tail donde exponía como Internet ha cambiado las leyes de distribución y las reglas del mercado.

En «The Web Is Dead. Long Live the Internet» (actualización 01/9/2010: The Web is Dead en español) Anderson nos viene a decir que la web tal como la conocemos ha muerto ¿Quién la mató? Los propios usuarios que han dejado de usarla para mudarse a entornos más confortables y prácticos como las aplicaciones para iPad y iPhone, el RSS, voz IP, el streaming… toda una constelación de servicios que tienen una conexión con la web pero que no son la web.

Chris Anderson, editor de Wired

Para Anderson, nos pasamos de la web a Internet. La red sí esencial, pero la web es solo un rostro de Internet que se está volviendo viejo. Se usa Internet para transmitir los datos pero se ha dejado de usar la web para mostrarlos. Pero -como argumenta Dolors Reig– en realidad Anderson confunde la web con el navegador.

Puede aceptarse en cierto modo que las pequeñas aplicaciones para los smart phone (que por cierto todavía no superaron el 50% de penetración en el mercado de Estados Unidos) y dispositivos portátiles están atrayendo cada vez más a los consumidores porque son más eficientes para gestionar la visualización de la información. Tal vez que los RSS sean un medio más eficaz para leer un blog (aunque menos bonito y participativo). Pero decir que la web ha muerto porque cambiamos la aplicación que utilizamos para acceder a ella parece demasiado.

Técnicamente la web tiene tres pilares: el sistema de direcciones que permite identificar unívocamente los recursos en la red, el protocolo HTTP que transmite la información y el lenguaje HTML que permite recuperar los datos para transformarlos en información entendible al usuario. Pero por el momento todo recurso que está en la red sigue necesitando de un modo único de identificarse. El HTML puede avanzar hacia el HTML5, cruzarse con el XML para crear el XHTML, agregarle CSS, JavaScript… pero en el fondo no es más que un acuerdo sobre cómo estructurar lógicamente un conjunto de datos para que puedan ser interpretados por un software que los devuelva al usuario de un modo comprensible. Nos guste o no, los modelos de cajas cerradas como Flash están en retroceso.

Pero para Anderson es todo lo contrario: la web es un caos y hace falta organizarla. Esa es la función de las nuevas aplicaciones que están matando a la web tal como la conocemos ¿Será?

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